Ser Lobas és un projecte que neix de la col·laboració entre les fotògrafes Lurdes R. Basolí i Elisa Miralles per a qüestionar els cànons de bellesa i generar nous imaginaris visuals sobre el cos femení a través de la fotografia i les arts visuals. La seva proposta es nodreix de tallers-trobada amb dones fotògrafes i no fotògrafes i pren la forma d’una exposició viva i instal·lativa en constant transformació, que s’ha instal·lat en diversos lloc de l’estat espanyol.
L’últim cap de setmana de febrer vam tenir la sort de poder acollir el projecte a Igualada, en el marc del festival fotogràfic FineArt 2026, amb la realització del taller immersiu Ser Lobas, mirar/nos de nou, gràcies a la col·laboració també de Dones amb Empenta. El retorn de les participants va ser més que positiu, emocionant. Vam decidir convidar-les a escriure per explicar l’experiència, i el text que vam rebre és el que publiquem íntegrament a continuació.
El último fin de semana de febrero tuvo lugar el encuentro Serlobas, mirar/nos de nuevo, un taller de
fotografía que proponía algo más que aprender a disparar después de mirar a través del
visor de una cámara. La experiencia partía de una idea sencilla pero profunda: reflexionar
colectivamente sobre el cuerpo femenino y sobre la manera en que lo miramos, lo habitamos
y lo representamos.
Empezamos la primera jornada sentadas en círculo, como si ya supiéramos -aunque aún no
lo sabíamos- que ese gesto iba a sostenerlo todo. La primera propuesta fue elegir una
fotografía de nuestro teléfono que nos definiera de alguna manera. Al abrir la galería de
imágenes, sin embargo, no solo aparecieron recuerdos visuales: también emergieron
emociones, inseguridades y fragmentos de nuestras historias personales.
Cada una explicó, sin mostrarla, por qué había elegido esa fotografía y qué decía de ella en
ese momento de su vida. Todavía no sabíamos bien los nombres de todas, pero ya
empezábamos a reconocernos de otra manera. Como si algo antiguo, instintivo, nos
permitiera escucharnos sin juicio. Como si, poco a poco, una manada empezara a formarse.
Después vino la meditación y varios ejercicios corporales. Respirar juntas. Movernos juntas.
Era como si estuviéramos trenzando una energía que ya había comenzado a aparecer en
el círculo inicial, pero que ahora se volvía más tangible, más densa, más viva. Aquella
reunión de mujeres desconocidas fue adquiriendo una sensación de complicidad difícil de
explicar.
Leímos textos. Observamos fotografías. Las analizamos juntas, las doblamos, las rompimos.
Y en ese proceso fueron apareciendo las cicatrices: las visibles y las invisibles; las que deja
el simple hecho de ser mujer. La dificultad de reconocerse en el propio cuerpo, la presión de
las miradas externas o la sensación de no habitar plenamente un cuerpo al que se nos ha
enseñado a juzgar antes que a amar.
La pausa para comer permitió relajarnos y tomar distancia de la intensidad emocional que
se había generado durante la mañana. Al regresar, el taller entró en su parte más práctica y
también en su momento más vulnerable. Nos entregamos a experimentar algo menos
habitual: aprender a sostener la mirada de otras mujeres sin juicio, desde el respeto y el
cuidado.
Trabajamos con la luz natural que entraba por los ventanales, con la composición y con la
presencia corporal frente al objetivo. Sin ser conscientes del todo, instintivamente, el miedo
fue desapareciendo y nos desnudamos. Completamente: de cuerpo y, sobre todo, de alma.
Aprendimos a dejarnos mirar, a dirigir el posado, a encontrar el gesto exacto. Pero pronto
entendimos algo esencial: la luz más importante no era la que entraba en aquella sala del
Centre Cívic Nord de Igualada, sino la que cada una llevaba dentro. Esa que, cuando se
reconoce, termina filtrándose inevitablemente en cada fotografía.
Al día siguiente, entre todas, seleccionamos las imágenes que formarían parte de la
intervención en la exposición de L’Escorxador, cerrando así el proceso creativo que
habíamos iniciado juntas. Ese era el propósito final del taller: intervenir una muestra de
FineArt, formar parte de un proyecto colectivo, entrelazar una vez más las redes invisibles
que unen el arte y a las mujeres que lo sostienen.
Participar en una exposición ya es, por sí mismo, algo emocionante. Pero en este caso lo
verdaderamente significativo fue el camino compartido para llegar hasta allí. Durante dos
días se creó un espacio donde cada mujer pudo ocupar su lugar, mostrar su mirada y formar
parte de un proceso artístico colectivo.
Cerramos el taller como lo habíamos empezado: en círculo. Agradeciéndonos unas a otras
el tiempo compartido. La confianza. La valentía de mostrarnos. Ese aprendizaje colectivo
que ahora nos llevamos con nosotras, guardado en algún lugar profundo, mucho más allá
de las fotografías.
Quizá eso sea, al final, lo que significa ser lobas: reconocernos en la oscuridad, aullar juntas
y recordarnos, unas a otras, la luz que llevamos dentro.
ESCRIT PER GRUP “SER LOBAS” IGUALADA
FOTOGRAFIA. Foto de grup, amb les fotògrafes Lurdes R. Basolí i Elisa Miralles al centre.