“Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época”, *Lacan.

Este escrito surge de las inquietudes que me provocaron algunas preguntas que fueron formuladas en una clase que impartí recientemente en un Máster sobre el maltrato a la mujer. 

Durante el debate se manifestó un gran interés por saber si los hombres que maltrataban a las mujeres recibían, ellos también, tratamiento de psicoterapia en dispositivos como los que se ofrecen a las mujeres. También interesaba saber si ellos demandaban tratamiento por el hecho de ser la parte activa en el sufrimiento de estas mujeres y de sus familias. Me pareció interesante la curiosidad manifestada, pues venían de otros campos de conocimiento y al no estar tan familiarizados con el tema hablaban libremente sobre lo que pensaban. 

En el momento pensé en dos situaciones. La primera fue un programa que vi en la televisión española, en el que se entrevistaba a hombres que estaban en prisiones españolas por condenas de violencia machista. Ellos participaban allí en terapias de grupo. No sé decir el resultado de este trabajo, pero lo que sí puedo decir es que construir una subjetividad nueva lleva tiempo y depende de los recursos personales del hombre, de su interés en cambiar, como también del tipo de intervención terapéutica aplicada. Y lo más importante sin embargo es el hecho de asumir la responsabilidad subjetiva y sostener el trabajo de cambio.  

La otra situación que me vino a la cabeza era de un libro que había leído unos años atrás. Recogía la experiencia de una investigación hecha por una psicoanalista, Susana Muszkat, de Sao Paulo (Brasil). Ella había desarrollado su trabajo de investigación en una organización no gubernamental, Pro-Mujer, Familia y Ciudadanía (PMFC), y relataba la experiencia con la violencia machista en el ámbito de la pareja y la familia.  

Ella trabajó durante años este tema en un marco institucional y desarrolló una metodología propia, que abarcó aspectos que iban más allá de las cuestiones familiares. Es por esto que ha ampliado el “escopo” de la población atendida en la PMFC. Introdujo un elemento nuevo, la “parte definida como agresora: los hombres”.  

Los participantes en esta investigación tenían comportamientos que incluían prácticas como la agresión física, descalificación sistemática de la pareja, negligencia afectiva en relación a la pareja y las/los hijas/os, negligencia económica en relación a las/los hijas/os, prohibición de que la mujer ejerciera una vida laboral, y de que tuviera vida social. También abarcaba la violencia practicada por los hombres bajo los efectos de sustancias tóxicas, infidelidad conyugal masculina, actos violentos desencadenados por celos y tantos otros,… que no son identificados como prácticas violentas por ellos, ni como prácticas que apuntan a mantener el lugar de poder. Ellos entienden todas estas conductas como prácticas naturales ligadas a uno y a otro sexo, necesarias para la constitución de la identidad masculina, como guiones prescritos para el género masculino.  

La intervención en esta investigación brasileña fue a través de grupos. Comenta la autora que después de años de trabajo con grupos de hombres de clases “populares”, constató la prevalencia en este grupo de la ideología “naturalista”. Este modo de pensar consiste en una organización de ideas que determina una forma dogmática de los atributos femeninos y de los masculinos. Y también considera que hay comportamientos propios de los hombres y comportamientos propios de las mujeres, que serían propios de la constitución del individuo y estarían ligados al sexo biológico.  

Elementos observados 

La autora explica que los hombres llegaban a PMFC por diversas vías: por indicación de conocidos que habían sido atendidos, por las comisarías de las mujeres y comisarias comunes, por los servicios de justicia, por derivación de la procuraduría judiciaria, por los servicios de atención gratuita de la ciudad y las universidades. Algunos pocos que se presentaban espontáneamente. Las cuestiones que ellos traían eran mayormente relativas al derecho de familia, dado que la PMFC, además de la atención psicosocial, garantizaba la atención jurídica gratuita, lo que constituía el mayor atractivo para la población que les consultaba.   

Lo que la investigadora estableció como foco superior de la experiencia en la atención a los hombres, es lo que ella define como “desamparo de sus identidades”, en tanto éstas están construidas desde la masculinidad hegemónica.  

Se trata de un trabajo extenso, bien fundamentado con la transcripción de las sesiones grupales. Allí se puede ver la ideología que está en juego y la implicación de un posicionamiento clínico. Aquí citaré solamente dos observaciones: 

En esta muestra observaron que hay una resistencia en hacer cambios, salir de estos lugares “identitarios” tan conocidos, por el riesgo de encontrarse sin apoyos “identitarios” que les puedan sostener, de quedarse en el “desamparo identitario”. La autora cita la psicoanalista Khel (1996), que define la producción de la identidad como una manera de protegernos de nuestra soledad subjetiva delante del enigma del deseo.  

La posibilidad de hablar en un espacio de escucha profesional, sin ser objeto de burla, bromitas, etc y, poder compartir experiencias de vida para las cuales no disponían de inscripción simbólica, se reveló propiciadora, en algunos casos, de una producción de nuevas narrativas. 

Otras experiencias 

Coincidiendo con esta reflexión, esta semana estuve dando un vistazo a publicaciones internacionales y me detuve en un reportaje que encontré en una revista brasilera de cuño político Carta Capital, que se titula “Machistas en tratamiento: los hombres que combaten la masculinidad tóxica”. 

La periodista Thaís Chaves entrevistó algunos grupos de hombres que se están reuniendo para discutir sus masculinidades. A continuación traduciré algunos ejemplos de las prácticas de estos grupos. 

Relata la periodista, que ellos hablan sobre el hecho de que sus acciones son fruto de una construcción machista y se preguntan qué pueden hacer para cambiar eso. 

“¿De qué forma la masculinidad tóxica afectó a tu semana?”. Es a partir de esta pregunta que un grupo masculino inicia sus encuentros en un bar de la capital “paulista”.  

El colectivo se reúne con el objetivo exclusivo de discutir sus masculinidades, pero no son los únicos que agrupan hombres desconocidos entre sí para debatir y contribuir a la lucha feminista. 

Lucas, que participa en este grupo comenta que entre los asuntos importantes que discuten están los familiares, sexuales y afectivos. Y también el modo como lidian con las propias características masculinas, “de su construcción durante la infancia hasta sus cuerpos”.  

Lucas expresa que llegó al grupo a partir de la percepción de que los hombres no conversaban entre sí sobre lo que les incomodaba y que en determinada ocasión comenzó a contar sus intimidades a un amigo que conocía hacía años. Entonces se dio cuenta de que nunca se había abierto a él, “no teníamos nada para hablar que pudiese ayudar uno al otro”. Lucas entendió que precisaba de un espacio donde los hombres pudiesen sentirse a gusto, “preciso ayudar a los que hablan menos”. Revela que también forma parte de un grupo específico para hombres negros que debaten la intersección entre masculinidad y “racialidad”.  

Matheus Moreira participa en el grupo “resignificando masculinidades”. Narra una trayectoria diferente del otro grupo. Este grupo empezó a reunirse por la incomodidad que les producían sus creencias al estar en presencia de mujeres con discursos feministas,  por ejemplo muchos de ellos tenían novias, parejas o mujeres muy próximas que eran feministas. Explican que ellas les aportaron a ellos la sugerencia de que necesitaban cambiar sus comportamientos. Matheus admite que la mayoría llegó al grupo con una mentalidad progresista y  dice que le gustaría que otros menos progresistas pudiesen formar parte también del grupo,  considera que “el grupo precisa ser acogedor para cualquier hombre que desee dejar de ser tóxico”. 

Tales Mistura, psicoanalista maestro en Salud Pública, expone que existe poco material en el campo teórico exclusivamente sobre masculinidades. Participa desde 2011 del Colectivo Feminista Salud y Sexualidad Pública. Coordina además el Núcleo de Masculinidades, un grupo de reflexión para hombres que fueron condenados por agresión a la mujer. Describe que la participación no es obligatoria, pero los jueces ven la actividad como atenuante para la reducción de la pena de los acusados. Como la mayoría no participa por voluntad propia, el proceso descrito por Tales es bien diferente de aquellos descritos por Matheus y Lucas.   

Según Tales en el primer momento “estos hombres se sienten angustiados e ‘injusticiados’, el colectivo expresa la rabia que están sintiendo”. Los encuentros están basados en intercambios, la repetición de las historias entre ellos hace que los hombres puedan asimilar con mayor claridad lo que están viviendo y oyendo.  “Poco a poco, ellos van entendiendo que tal vez sea una crisis de masculinidades lo que están viviendo y van aprendiendo a conversar con más calma”. 

El proyecto tiene sus vulnerabilidades. “Hay hombres que entran y salen del proyecto sintiéndose la víctima”, lamenta Tales, a pesar de eso los números muestran una realidad más positiva. La tasa de reincidencia de los hombres que vuelven a ser incriminados por la ley es del 75%. Ese número cae al 6% en los hombres que reciben intervención en estos grupos. 

Tales dice que “el proyecto de masculinidad hoy es un proyecto fallido. Lo que tiene que hacer el hombre es echar fuera las referencias que tuvo y en su lugar vamos a tener que construir”. Refiere que “los medios sociales de los hombres no les acogen cuando se exponen sobre algo, aquello se torna realidad. Por eso, los hombres no hablan. Es necesario dar nombre a lo que se está sintiendo”. 

El Brotherhood es otro grupo que nació con una propuesta similar pero creció de forma diferente.  

Rafael Rios, que forma parte del grupo desde hace dos años, explica que el colectivo surgió como un espacio de desarrollo para hombres, como un grupo que genera debates en los ambientes de trabajo.  

El grupo ganó importancia y fue llamado para sostener debates dentro de empresas de sectores públicos y privados. En la lista del grupo están el Ministerio Público Federal, Senado, Tribunal Regional Federal, Compañía Siderúrgica Nacional, General Motors, etc.  

Admite que por la obligatoriedad de los debates y de la actividad, hay resistencia de los hombres que participan, pero con todo siempre al final surgen buenos feedbacks.  

En medio de tantas reflexiones Rafael revela que es importante hacer el ejercicio diario de recordar que “el primer machista que me encuentro cada día soy yo mismo cuando me miro al espejo”, término inventado por Sergio Barbosa, coordinador del grupo de discusión Tiempo de Despertar. 

En las experiencias que están teniendo estos hombres, lo que se pone de relieve es la palabra, a la que no estaban acostumbrados.  

El hecho de hablar de sus vidas, hacer algunas rectificaciones subjetivas en la presencia de un otro, parece ser, ha permitido resignificar algo de sus masculinidades. Y por ende ha despertado algo de sus deseos, de su ser de singularidad. A algunos también, les ha permitido mover en parte algunas fijaciones de sus identificaciones imaginarias nefastas, “identidades fijadas”. 

Gallano en su artículo “Identidades sin Nombre” (2014) comenta que las etiquetas identitarias aunque vengan a paliar, con diversos nombres la precariedad de las identidades de los individuos, excluyen a los sujetos. Pues los sujetos, en el valor único de la vida de cada humano, solo pueden encontrar una identidad singular como seres hablantes, por la vía del destino que da a cada cual su inconsciente particular, marcado en las determinaciones de su particular historia. Y que las identidades por segregación, no sacan los sujetos de los rebaños alienantes, en los que su singularidad se pierde en el anonimato. 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

VALÉRIA FERREIRA. Psicòloga i Psicoanalista. Acreditada Psicòloga Sanitària. Membre de l’Associació Catalana per a la Clínica i l’Ensenyament de la Psicoanàlisi (ACCEP). Entre els varis estudis i publicacions, destaquen el Màster en “Estudios de la diferencia Sexual”, amb aprofundiment, des de l’antropologia i les ciències socials, en la Teoria de Gènere i la relació del social i cultural amb el femení. També el Màster en Teoria Psicoanalítica. Investiga el tema de “Los mecanismos psicológicos que actúan en las mujeres que están en posición de víctimas de violencia machista” dins del Doctorat Psicologia de la Comunicació i Canvi a la UB.

IL·LUSTRACIÓ DE MONICA LUNI. Designer, ceramista i professora multidisciplinar. https://www.domestika.org/es/luni